Horacio

Bajo las palmeras;
donde el trópico
no nos puede alcanzar.

Promesas para
una estatua de arena.
¡Oh querida,
la marea también vendrá
por ti!

Sentado en una silla
de playa,
amarrando un habano
con mis ideas.
Fumando;
viendo la tarde caer;
esperando a la lluvia.

Bonita figura
de vidrio
soplado que
han dejado
los rayos
entre la parafernalia.

Tequila,
agave.
Señorita americana
desapareciendo entre las olas.

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Artrópodo

Las arañas
están
arrastrándose
en mi piel.

Parte mi cabeza en dos;
trampa Venus
para estas
ideas tarántula.

Vaho de carbón;
mi estómago,
la boca
del dragón.

Noches en vela
rezando a Leteo.
Reza que no mueras
en nuestro
próximo encuentro.

Líbrame del cráneo.
Anoia, Leteo;
líbrenme del cráneo.

El hombre de acero
se rompe
como cerámica otra vez.

Dos manos
para
contener el temblor
cerebral.
Despréndeme.
Azota mi cerebro.
¡Azótalo!
Esquirlas de seso.

Augusto

Rayos de luz
dorada
escapando a las tormentosas
nubes del cielo;
me recuerdan un poco
a mi mente.

Parece que hemos llegado
en caída libre
hacia este hermoso mundo
de atrocidades.

Mi padre siempre lo dijo,
aunque me tardaría
veintitantos años
en entenderlo
<<No hay manual>>
Tiempo y talento;
escaleras que se hacen
sogas.

Me siento criminal
justificando mis vicios,
mis palabras.
¿Soy mi peor juez?
¿O el menos exigente?

Nuevas direcciones.
Nuevas maneras de pensar.
La soledad es aterradora,
pero no me podría perdonar
desperdiciar mi vida
en un estanque.

Puma

Son los drogadictos
aplastados como
si alguien hubiera jugado manotazo
con el palacio de naipes.
Na na,
Nada de hierro
para mis perros.
Ésta es la noche eterna.
Es un mar de sirenas
ahí afuera.

Hey,
hay rebeldes por aquí;
es la
indómita juventud Azteca
que olvidó
todo sobre Tlatelolco.

Satanás es mi copiloto.
A mitad de camino entre querer ser bueno
o ser malo.
Meh,
mejor regresemos al juego de metáforas
como la del mago
que desaparecía mientras
caía el telón.

Ninguna palabra prestada.
Ningún verso robado.
Hey, idiota,
saca los árboles;
hay poco tiempo.
La muerte viene por nosotros
en una patrulla.

Morado

¿Quién molesta mi teléfono
a las tres de la mañana?

En cuanto respondo
es demasiado tarde para
colgar.

Vibraciones.

El contorno de las cosas
empieza a vibrar
a contigo.

El cuarto se está pintando
morado.
Mi piel se está haciendo
azul.

Uber a tu casa.
¿Qué carajo estoy haciendo?
La cabina se hace
piscina
de luces de neón.

Ya estoy aquí.
Me podría ir si quisiera,
pero no realmente.

Humedad
y un
carrusel púrpura.
Olor de tu rosa.

Ya no hay calor.
Morado empieza a escurrir
de las paredes.
Nuestra piel se hace azul.

Alí

Pequeño rey,
perdido entre stilettos.

Cayendo de cabeza
a la alberca.

Cinco ases de
diferentes palos.

De pie
¿O era de cabeza?

El aire se acaba
esperando una mano

Atrapado entre risos;
dulce,
dulce
obscuro fondo.

Asustado, en shock,
a los pies de una piscina.
Caminando cuidadosamente
hacia atrás.

Blast

Versos de brea
para atrapar a las moscas
y prenderle fuego a tu cerebro.

Soy Kobe entre estos
maniquíes.
Me quieren sorprender
a mordidas;
son cachorros;
no se sorprendan
cuando despierten
en la granja.

Nahuales sin espina.
Dejarían comerme el sol
antes de soplarle a una vela;
el hambre es inimitable.

Debo decir,
los veo recoger los hábitos
que dejo tirados y
me siento responsable.

Niños corriendo con tijeras;
sangre en el corredor.

Dios;
soy fuego y éstos
filósofos de tocador
son ramas
en ramas
en ramas
en ramos;
se toman tan en serio.

Mírame, inmortal,
surcando la ciudad
en un Toledo blanco
hasta que el fin me alcance.

Pero hasta ese entonces son
palabras con
palabras con
palabras sobre
versos de Napalm.

Putrefacción en sus bocas
cuando se sorprenden
con el nombre de quien los puso
en el camino de
Séneca
y
Víctor Hugo
entre sus dientes.

Baudelaire

Supongo que ésto es la vida;
Baudelaire en la mañana;
Satanás en las noches
y todo lo que quepa de por medio.

El cartel dice desde las alturas
“No manejes cansado
o en los brazos del alcohol
o en la ambrosía de las drogas”
Bueno, señor Cartel,
no sé manejar,

entonces me permitiré
uno de esos días de locura,
persiguiendo al conejo blanco
que la rutina desapareció.

María

El cielo se abrió y ya
estabas a mi lado.
Entre campos de rosas
bañados por el rocío,
tu brillo,
emanando de la tierra,
del pasto.
Tú, brillo.

Dime, María
¿Naciste de una flor de manecillas
que crecía larga y aburrida?
¿Te necesita alguien más que yo lo hago ahora?

 

 

 

 
Inocente yo
creía que la depresión
me hacía mejor escritor;
ni todas las lágrimas derramadas
harían un charco
y
carajo que lo he hecho otra vez
Jajaja
Mírame,
aquí estoy otra vez
escribiendo los versos
que te hacen cuestionar
la religión, la vida
y el porqué nunca habías leído
poesía
hasta ahora
y hablemos un poco más de
poesía,
lloraba tinta
en palabras viejas
y todas las polillas se hundían
en el reflejo.

¡Ja!
Tinta china es colores para niños;
salta en la cuerda pero no en la línea,
es poesía y no
lo que viene al reverso del shampoo.

Confieso
que, al sólo sonreír con humo
lo quise quemar todo
después de acabarme mis vegetales.
Y a aquella flor que me dijo que me
amargaba tan joven;
tenía razón,
pero mejor que no lo sepa
Jaja

Confieso también,
que me he esforzado en olvidar mi sonrisa
en algún lado, así que
ahora uso
la sonrisa de mi madre
y la espalda de mi padre
y no las pienso
devolver.

Un saludo a la vida
que me acepta de regreso.
Un abrazo para las hermanas
que he abandonado.

Yo, una noche

Los azules
brillan tanto en mí.
Soy tristeza,
una vez más.

¿Cómo se atreve a en mí,
seguir viviendo esperanza?

Te añadiré
a todas las semillas
que nunca pudieron nacer
y
me sentaré otra vez
en la tierra
a lamentar un poco más.